¿Será que sí existe un destino? ¿Será que todo lo que hacemos y todo lo que nos pasa ya está “escrito”? Las personas que me conocen saben que esta es mi frase favorita, y no principalmente por el trasfondo que pueda llegar a tener, sino porque siempre, SIEMPRE acierta.

Muchas veces cuando a uno le pasan cosas que de pronto no esperaba, sean buenas o malas, viene la pregunta a la cabeza de “¿Por qué?” y ahí es cuando probablemente uno empiece a echarse golpes de pecho pensando en qué fue eso que hizo mal. A lo largo de mi vida he llegado a la conclusión de que todo pasa por algo y que, aunque tus acciones tengan consecuencias y pueda que ese camino se vea un poco obstaculizado, siempre vas a terminar en el punto en el que la vida quiere que estés, por más trabas que puedan llegar a haber. Personalmente, no creo en las coincidencias, uno está donde debe estar, punto.

Generalmente el ser humano trata de buscarle explicación a todo y eso es básicamente lo que nos ha llevado a la evolución, pero les propongo algo ¿Qué tal si dejan que la vida los sorprenda un poco? Con esto no quiero decir que ahora todos se van a quedar sentados esperando que les caigan las cosas del cielo, así no funciona. Quiero decir al contrario que, empiecen a buscar esos pequeños momentos que parecen destinados a pasar; disfruten de esas pequeñas eventualidades y nunca pierdan esa habilidad de sorprenderse, esa chispa.

Esas pequeñas chispas en la vida cotidiana se llaman “serendipity”, hallazgos afortunados e inesperados que se producen cuando se está buscando otra cosa distinta. En mis 21 años de vida he aprendido a disfrutar de estos hallazgos, a disfrutar estar en el lugar correcto, en el momento perfecto. Y repito, esto no es una excusa para quedarse esperando a que las cosas mágicamente ocurran, sino a estar siempre despierto, atentos a nuestro alrededor.

Y esto no solamente aplica para las cosas buenas de la vida, sino también para esos momentos en los que desearíamos ser alguien más, estar en algún otro lado; pero estos acontecimientos inesperados, por más malos que parezcan son aquellos de los que más aprendemos; son esos misfortunios los que crean nuestro carácter, y no es un cliché, créanme, es un hecho.

Por eso te aconsejo, aprende, disfruta, y si todo sale mal, sigue adelante; de nuevo, no es un cliché, es simplemente una forma de vivir y no sufrir en el intento. Entonces, si te hace feliz, disfrútalo, y si no, aprende de eso, todo pasa por una razón y no hay forma de evitarlo, simplemente disfrutar de esos misfortunios, desventuras o alegrías repentinas y no dejes que te alejen de vivir tu vida.

 

Juliana García Franco
Directora Nacional de Desarrollo de Negocio